Mi vista recorrió toda la terraza viendo como las gotas salpicaban en los numerosos charcos que se habían formado en el suelo hasta que fue a posarse sobre un diminuto bulto que reposaba sobre una baldosa empapada. El bulto no era más que el pequeño cuerpo de un gorrión muerto sobre cuyas plumas refulgían como diamantes pequeñas gotas de agua. Al ver ese pequeño cuerpo inmóvil en el suelo mojado me hizo pensar en la fragilidad de la vida y de la importancia que se le da dependiendo del ser que la pierde. A aquel pobre gorrión nadie le lloraba, nadie le velaba, ni procuraba que su cuerpo no se mojase, ni tan siquiera otros gorriones que revoloteaban bajo la lluvia en los árboles cercanos que hasta posiblemente fuesen familiares suyos. A los humanos la evolución o dependiendo de la religión de cada uno un cierto Dios nos ha dotado de unos sentimientos que no se hasta que punto son útiles. Cuando ese gorrión pasa a ser uno de nuestros seres queridos queda un hueco en nuestro interior que nada puede llenar, las emociones nos confunden y nos aturden y somos incapaces durante un tiempo de poder revolotear como hacían el resto de gorriones.
En estos momentos pienso que me gustaría ser uno de esos gorriones despreocupados del cuerpo sin vida de su compañero, que el dolor que se siente por la pérdida de alguien muy querido se diluyese con las gotas de lluvia, pero no es así y al final se tiene que asumir esa pérdida, hay recordar todos los momentos pasados sean buenos o malos y seguir adelante. Sólo podemos agradecer a los que nos quieren que nos ayudan a que el hueco que se ha formado dentro de uno se encoja y no llegue a devorarnos.
En estos momentos pienso que me gustaría ser uno de esos gorriones despreocupados del cuerpo sin vida de su compañero, que el dolor que se siente por la pérdida de alguien muy querido se diluyese con las gotas de lluvia, pero no es así y al final se tiene que asumir esa pérdida, hay recordar todos los momentos pasados sean buenos o malos y seguir adelante. Sólo podemos agradecer a los que nos quieren que nos ayudan a que el hueco que se ha formado dentro de uno se encoja y no llegue a devorarnos.
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