domingo, 16 de marzo de 2014

El viento entre los árboles

Se despertó durante la noche con una sensación de frío intenso y húmedo. Durante unos segundos no quiso abrir los ojos por si el sueño volvía a atraparle pero pasaron los minutos y no consiguió volver a conciliarlo. Al intentar cambiar de posición notó cierta rigidez en los miembros que le impedía moverse. Desesperada abrió los ojos pero sólo consiguió ver una negrura impenetrable salpicada aquí y allá con esos fogonazos de luz que no son más que fantasmas que nuestro propio ojo crea cuando no hay luz a la que agarrarse.

Intentó frenéticamente moverse, pero tras largo rato de luchar se dio cuenta de que no notaba ninguno de sus miembros. Era como si hubiesen desaparecido, o más bien que se hubiesen fusionado con su cuerpo. Asimismo notaba como que su cuerpo estaba recogido, como cuando en algunas noches frías se había hecho un ovillo intentando ocupar el menor espacio posible en la inmensa y solitaria cama. El intenso frío fue desapareciendo a medida que notaba una claridad creciente a su alrededor. Aunque tenía los ojos abiertos no veía nada, sólo notaba la claridad y la temperatura que poco a poco subía. Un silencio atronador la acompañaba.  Nada se oía, ni tan siquiera el batir constante de su corazón en los tímpanos que en tantas ocasiones le había acompañado en sus noches de insomnio.

De nuevo intentó moverse, pero sin éxito. Un grito de desesperación salió de su garganta, pero ni un sonido turbó el silencio.Había perdido toda la sensación del tiempo. No sabía si habían transcurrido horas o sólo un segundo y eso le hizo pensar en que debería de estar soñando. Estaba claro que era una terrible pesadilla y que pronto acabaría cuando se despertase, ¿pero soñar que estamos dentro de una pesadilla no la convierte en realidad? Mientras esos pensamientos bullían en su mente notó como la luz que la rodeaba iba disminuyendo y al tiempo que la oscuridad ganaba terreno también lo hacían de nuevo el frío y la humedad.

Los ciclos de luz y oscuridad se repetían pero notó como poco a poco la claridad cada vez ganaba terreno. Tras uno de esos ciclos algo cambió. Notó como su cuerpo se ensanchaba, como por todo él recorría un frío pero agradable líquido que llenaba todas sus células. Dejó de notar que estaba echa un ovillo pero seguía sin notar sus brazos y piernas. Todo seguía oscuro pero en algunos momentos pasaban ante sus ojos retazos de una negrura aún más intensa. De nuevo intentó moverse violentamente sacudiendo todo su cuerpo, gritando hasta que sus pulmones y garganta deberían de haber estallado pero nada ocurrió.

Dejó de luchar y en ese momento apreció algo de lo que no se había dado cuenta. Su cuerpo se movía, pero no era por su voluntad sino como mecido suavemente, a su alrededor notaba más movimiento lo que la asustó terriblemente. ¿Quién la retenía y la mecía en su cama? ¿Quienes eran los que merodeaban por su habitación? No obtuvo respuestas a sus preguntas. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero al mismo tiempo notaba cierta paz y una sensación agradable mientras su cuerpo se mecía como arrullado por una suave brisa. En otros momentos se sentía vapuleada, agitada arriba y abajo, a derecha e izquierda violentamente y notaba como las sombras que la rodeaban tambíen se movían frenéticamente.

Los ciclos de luz y oscuridad se seguían sucediendo. Unas veces la luz parecía tamizada y su calidez era mucho menor; otras veces parecía no haber luz y la sensación de humedad y frío se volvía muy intensa. Con cada ciclo que pasaba se sentía mucho más a gusto, casi había olvidado su pánico ante la inmovilidad y la oscuridad. Apreciaba la húmeda oscuridad tras la larga aridez de la luz que hasta el momento iba ganando terreno a la oscuridad.

En un momento dado la sensación de calidez disminuyó, el tiempo de claridad era  mucho más corto y notó como cada vez eran menos las sombras que se movían a su lado. Poco a poco el líquido que la llenaba fue desapareciendo y su cuerpo se fue secando. Empezó a notarse rígida y quebradiza. Ya no se mecía como anteriormente. Ya no notaba la calidez de la luminosidad ni la humedad de la oscuridad. De repente mientras su cuerpo se balanceaba notó como algo se rompía y salió disparada. Ya nada la retenía, tuvo cierta sensación de libertad y de alegría pero a la vez miedo al notar como su cuerpo se balanceaba a la merced del viento sin ningún control.

De repente dejó de moverse. Siguió notando los ciclos de luz y oscuridad pero esta vez la humedad no desaparecía y el frío era más intenso. Poco a poco su cuerpo siguió secándose y desquebrajándose hasta que no quedó nada de ella y dejó de notar el viento entre los árboles.


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