Era una tarde de octubre. El mes estaba siendo anormalmente cálido como parecía que se estaba convirtiendo en una norma los últimos años.
- "Al final va a ser verdad lo del calentamiento global." - Pensó, mientras se quitaba la camiseta al entrar en casa.
Se sirvió un refresco de su desangelada nevera y se dirigió a la habitación donde tenía el ordenador. Lo encendió. Esperó los inacabables segundos que preceden a la carga del sistema y empezó a manejar el ratón mientras daba cortos sorbos al refresco. Se había propuesto por fin ordenar los datos de su navegador GPS. El fin de semana anterior había ido a la montaña en busca de setas y quería guardar los lugares que había visitado. Así pues, buscó algo de música, conectó el navegador y lanzó el programa que gestiona toda la información almacenada en él.
Mientras trabajaba en los distintos traks, waypoints y fotografías el sol de la tarde comenzó a entrar por la ventana. Era un sol radiante, aunque la luz estaba tamizada por las cortinas que ocultaban el interior de la habitación de miradas extrañas. En ese momento estiró sus brazos sobre su cabeza para desentumecer la espalda. Giró la cabeza y sus ojos se posaron el la pared donde el sol dibujaba la forma de la ventana. Movió la cabeza hacia el otro lado para acabar de estirar los músculos del cuello. Pero en ese momento algo en su mente le hizo volver a mirar al dibujo de la ventana en la pared. Por el rabillo del ojo había visto algo extraño, algo que no debería de estar allí.
Sobre la pared, dónde solamente debería de estar el recuadro luminoso de la forma del cristal, se recortaba una figura oscura. Tenía un trazado sinuoso. No había ningún ángulo recto donde lo que debería de haber era la línea recta que trazaría el marco de la ventana. Incrédulo se frotó los ojos con las manos.
- "Llevo demasiadas horas mirando el monitor del ordenador" - Pensó.
Miró hacia la ventana. Allí sólo pudo ver la cortina y la forma de la ventana marcada en ella. Volvió a mirar a la pared y allí seguía aquella silueta. Pensó que quizás la cortina creaba aquel juego de sombras en la pared por lo que se acercó hasta la ventana y la corrió. El sol entró a raudales a través de la ventana pero nada cambió, salvo que ahora la silueta era mucho más nítida, con mucho más contraste. Movió la mano delante de la ventana y la sombra de su brazo y su mano aparecía en la zona iluminada de la pared, desapareciendo donde la extraña figura oscurecía la luz. Era como si algo estuviese entre la ventana y la pared y, como su brazo, proyectase una sombra. Pero allí no había nada.
Intrigado se acercó a la pared. Frotó su mano por su superficie notando las pequeñas imperfecciones que creaba la pintura. Fue acercando sus dedos hacia el borde de la silueta intentando notar su contorno. Lo único que noto fue que en esa zona la pared, por increíble que pudiera parecer, estaba sensiblemente más caliente que el resto donde la luz del sol daba con toda su fuerza.
Hasta ese momento no se había parado a fijarse en la forma de esa silueta. Empezó a prestarle más atención y comenzó a darle sentido a ese conjunto de lineas sinuosas. Al principio no quiso creer lo que parecía aquella forma, pero tras unos minutos de observarla desde distintos ángulos se convenció de que lo que estaba viendo. Una linea suave descendía como la ladera de una montaña para acabar en un montículo respingón al que seguía una caída en una curva perfecta. A partir de ahí la silueta dibujaba una serie de sinuosas y delicadas curvas hasta desaparecer en la oscuridad donde el sol ya no pintaba con su luz la pared. Aquella forma le desconcertó, no podía creer lo que estaba viendo, pero aquello era realmente el perfil de un cuerpo femenino desnudo donde se destacaba claramente un pecho.
Asombrado por lo que veía y sin acabar de creerlo salió de la habitación hacia el lavabo. Se salpicó la cara con agua fría varias veces para despejarse y volvió de nuevo a la habitación. Allí seguía aquella silueta, el agua fría escurriendo por su cara no la había hecho desaparecer. Ahora que su mente había relacionado aquel juego de sombras con un perfil de mujer cada vez descubría más detalles, a cual más voluptuoso que enseguida asoció a su mente alterada. En ese momento una nube ocultó el sol y de repente la silueta se desdibujó hasta desvanecerse al desaparecer la luz del sol. Se lanzó hacia la pared y pasó frenéticamente sus manos por toda su superficie. todavía se notaba aquel calor extrañamente agradable donde había estado dibujada aquella forma.
Pasaron varios días en los que el cielo permaneció encapotado y el sol oculto tras una gruesa capa de nubes. Días de lluvia más acordes con la época del año en que se encontraban. Cada uno de esos días, tras llegar del trabajo, corría a la habitación donde la persiana permanecía subida buscando que ni un rayo de sol se perdiese. Pero lo único que consiguió es que los cristales de la ventana quedasen empapados por la lluvia. Empezó a convencerse de que aquello había sido una alucinación. que su mente le había gastado una jugarreta.
- "Llevo demasiado tiempo si una mujer" - Se dijo divertido y a la vez un poco triste.
Los días de octubre fueron pasando, grises y oscuros. La idea de ver de nuevo aquella silueta se fue disipando en su mente. Pero de repente, un día, cuando ya octubre daba sus últimos coletazos de vida, un 29 de octubre, el sol volvió a brillar. Retornó volando del trabajo. Casi ni cerró la puerta al entrar en el piso y se dirigió corriendo hacia la habitación donde el sol entraba como una cascada a través de los sucios cristales de la ventana, donde la persiana seguía subida.
Allí estaba de nuevo aquella figura, destacando rabiosamente sobre el lienzo que formaba la luz que provenía de la ventana. Volvió a recorrerla con sus dedos, notando la tibieza que desprendía. Siguió cada una de las curvas una y otra vez con los ojos cerrados, intentando que sus dedos le dijesen de dónde podía provenir aquella forma. Por otro lado en su mente se iba implantando una idea descabellada. Por alguna razón había algo en aquella silueta que le era familiar o, si lo analizaba fríamente, deseaba relacionarla con alguien conocido.
De repente, al acercar de nuevo sus dedos al borde oscuro de la silueta, notó algo distinto. La pared ya no era lisa. Se había formado un abultamiento, casi imperceptible. Si no fuese porque había pasado tantas veces las yemas de sus dedos por la zona y se la conocía a la perfección, hubiese creído que era un defecto de la pared. Pero era otra cosa. Era algo blando que respondía a la presión de sus dedos, hundiéndose y luego volviendo a recuperar la forma. El efecto estaba ocurriendo por toda la extensión marcada por la figura.
La forma se iba hinchando tomando volumen. Fue dejando atrás el color azabache para ir tomando un tono tostado. Tras unos segundos interminables, surgiendo de la pared, había aparecido una mujer. Como si fuese una Venus Anadiómena surgiendo del mar, ella surgía de la oscuridad, creada por la luz del sol. Estaba completamente desnuda, salvo por un collar que llevaba al cuello del cual colgaban una serie de letras que formaban su nombre. Antes de mirar a su cara recorrió cada centímetro de aquel cuerpo con su mirada intentando descubrir el enigma que representaba aquel cuerpo desnudo. Recorrió sus pies, sus piernas, sus caderas intentando memorizar cada pliegue, cada lunar. Pasó rápidamente su vista por su sexo, no queriendo mantener allí su mirada por una estúpida sensación de vergüenza. Siguió a su ombligo y subió rápidamente la mirada hasta los pechos que habían llamado ya su atención desde que aquel cuerpo era solamente una silueta recortada en la pared. Allí sus ojos se quedaron hipnotizados antes los pezones que se erguían desnudos de cualquier sujetador. Su mirada pasaba por todos los puntos, recreándose en las aureolas, en la curvatura de aquellos, para él, maravillosos senos que como dice el poema eran vocación para las manos y destino para los labios.
En ese momento escuchó una voz que le llamaba por su nombre. Era una voz suave, sensual, aterciopelada y rabiosamente conocida. Alzó la vista de aquellos senos hipnóticos y la miró a la cara. Las escasas dudas que le quedaban sobre la identidad de aquella mujer se disiparon al mirar sus ojos, cientos de veces esquivos e igual número de veces perseguidos por los suyos. Esta vez estaban clavados en él, con una mirada que penetraba sus pupilas y llegaba hasta su alma.
- "Ven. Abrázame." - Escuchó en su mente mientras ella le hacía gestos para que se acercase.
Dudó un instante, pero aquellas palabras seguían repitiéndose en su mente y vencieron a la parálisis producida por ver a esa mujer, tantas veces deseada, esplendorosamente desnuda ante él. Se acercó a ella y la abrazó, sintiendo el calor que desprendía aquel cuerpo que atravesaba su ropa y que le reconfortaba y excitaba al mismo tiempo. Hubiese querido quedarse así, en un abrazo eterno, con su cabeza apoyada en su hombro. Pero ella cogió su cabeza y le obligó a mirarla. Acercó sus labios a los de él y de dio un beso. Sus labios ardían y su lengua de fresa jugueteó con la suya dentro de su boca, mientras le desnudaba.
En ese momento, una vez vencida la timidez y vergüenza, él tomo la iniciativa. La sujetó con sus manos por las caderas y la llevó hasta la cama. Ella se dejó elevar por aquellas manos calientes y se agarró a su cuello mientras clavaba sus ojos, ya nunca más esquivos, en los de él. Sus piernas se cerraron sobre su espalda apretando su cuerpos como queriendo fusionarse en uno. La tumbó sobre la cama y volvió a recorrer aquel cuerpo, pero ahora no con la mirada sino a base de caricias y roces con los labios. Acariciando aquí y mordisqueando allá, notando como toda ella temblaba de placer. Sus cuerpos sudorosos vibraban casi al unísono. Sus pieles ardían, su sangre casi en ebullición era impulsada por sus corazones latiendo acompasadamente uno al ritmo que marcaba el otro. Ella abrió los ojos y le miró con esa mirada abrumadora que le inundó de un sosiego y paz que se tornaron en deseo y amor. Se giró y tumbándole sobre la cama hizo que entrara en ella. empezó a cabalgar suavemente, con movimientos ligeros. Llevo sus manos a sus senos mientras le transportaba a un mundo de placeres por mucho tiempo deseados.
La tarde empezaba a transformarse en noche y la luz del sol empezó a desaparecer dando paso a la oscuridad. Al mismo tiempo aquel cuerpo, aquella mujer deseada hasta casi la locura, se fue disipando. Intentó sujetarla mientras se desvanecía pero fue imposible. Antes de desaparecer del todo su voz volvió a resonar en su cabeza:
- "Hasta el próximo día soleado...." - dijo la sensual voz en su mente.
Allí se quedó en la soledad de su cama. Extenuado de cansancio y de deseo. Anhelando un nuevo 29 de octubre soleado. Aunque realmente deseaba que no volviese a aparecer una nube en el cielo nunca más. Que el sol no se ocultase nunca y que aquella silueta de la pared se quedase convertida en cuerpo para siempre.
miércoles, 29 de octubre de 2014
martes, 24 de junio de 2014
El mar de tu alfombra
Era un día de primavera, pero no era un día normal. Era el día en que abriste la puerta de tus dominios. El día en que podría conocer los rincones donde te refugias, donde dejas ir tus emociones, donde eres invencible pero a la vez vulnerable.
Viajé, más bien volé, hasta las puertas de tu reino, con el corazón henchido de ilusión y a la vez encogido por miedos estúpidos. Por el camino en mi mente se agolpaban las palabras que iba a decirte, entrenaba mis gestos para que fuesen lo más naturalmente entrenados posible.
Por fin llegué a tu puerta y casi sin espera tras mi llamada nerviosa y ruborizada abriste la puerta. Todo lo ensayado se vaporizó de mi mente en cuanto me saludaste y posaste tus labios sobre mi mejilla. Entré en tu mundo totalmente abrumado por las sensaciones, intentando recopilar todos los colores, las fragancias y las texturas de lo que era una gran parte de ti, como si con ello pudiese adquirir un poco de tu esencia y llevármela conmigo cuando me fuese.
Me encontré con el mar mullido y suave de tu alfombra arrebolada. Había soñado con ese mar sanguíneo, bordeado por los acantilados que formaba el sofá que se alzaban inexpugnables, con sumergirme en él a tu lado, y ahora lo tenía delante de mi y no me atrevía ni tan siquiera a introducir mis pies pensando que pisar su textura sería como profanar un lugar sagrado. En ese momento llegaste a mi lado batiendo tus coloridas alas de mariposa. Te posaste delicadamente sobre una de las para mi inexpugnables rocas del sofá y me arrastraste hasta tu lado.
En ese momento las palabras ya no tenían sentido. Mis palabras no salían de mi boca pero noté como con tu silencio entendías todas mis emociones. Me dabas energía y, a la vez tu bebías de mi silencio. Tus siempre esquivos ojos se centraron en los míos, penetrando en ellos hasta llegar a lo más profundo de mi alma y en ese punto mi espíritu se unió al tuyo.
Hiciste descansar mi cabeza en tu pecho. Empecé a escuchar los latidos de tu corazón y me abracé a ellos mientras tu respiración me acunaba suavemente. El tiempo dejó de tener sentido solo venía marcado por los pálpitos de tu corazón. El espacio silencioso entre ellos lo aprovechabas para hacerme viajar a todos los mundos que se esconden en ese mar inmenso de tu vida.
Ese silencio roto por cada nuevo bombeo conseguía que mi corazón se armonizase con el tuyo. Enseguida creaste en mi el deseo, el ansia de notar el siguiente golpe en tu pecho, mientras éste seguía subiendo y bajando como las olas de un mar tranquilo y sereno. Anhelo el momento de la siguiente explosión vital. Noto como llega, como mi corazón se prepara para darle la réplica y en ese momento suspiro de felicidad y de alegría por sentir que compartimos un momento de vida.
Hiciste descansar mi cabeza en tu pecho. Empecé a escuchar los latidos de tu corazón y me abracé a ellos mientras tu respiración me acunaba suavemente. El tiempo dejó de tener sentido solo venía marcado por los pálpitos de tu corazón. El espacio silencioso entre ellos lo aprovechabas para hacerme viajar a todos los mundos que se esconden en ese mar inmenso de tu vida.
Ese silencio roto por cada nuevo bombeo conseguía que mi corazón se armonizase con el tuyo. Enseguida creaste en mi el deseo, el ansia de notar el siguiente golpe en tu pecho, mientras éste seguía subiendo y bajando como las olas de un mar tranquilo y sereno. Anhelo el momento de la siguiente explosión vital. Noto como llega, como mi corazón se prepara para darle la réplica y en ese momento suspiro de felicidad y de alegría por sentir que compartimos un momento de vida.
De repente me veo ante tu puerta, a punto de pulsar el timbre, mi mente ha vuelto a voltearme. Mi dedo aprieta el pulsador y tú apareces en la puerta. Me saludas con un "Hola bitxet!!". Me das un beso en la mejilla y en ese momento se que mi corazón sigue sincronizado con el tuyo.
domingo, 30 de marzo de 2014
Los sentidos a las diez de la noche
Son poco más de las diez de la noche y anhelo el instante en que compartimos un momento de charla . Con los pies sobre el sofá y arrebujado con una manta pienso que al otro lado de la linea ella también está tendida sobre su alfombra nueva y con una manta cubriendo su cuerpo. Inconscientemente estiro mis piernas buscando que mis pies toquen los suyos imaginando que la distancia no existe y que está a mi lado y que al notar el roce, ella encoge las piernas, se gira y apoya la espalda sobre mi pecho.
En ese momento, estando muy juntos, me gustaría ver a través de sus ojos y escrutando los míos encontrar la parte que falta de mi mismo. Ver con ellos el sol, el mar, la hierba, la sonrisa de un niño y entender lo maravilloso que es el mundo. Con su oído escucharía su voz y permanecería muy atento a todas sus palabras que irían entrando en mi cuerpo, llenándolo, acariciándolo y calentando hasta mi alma. Podría entender cada una de ellas para así poder hacer que sus palabras sean deseos hechos realidad. Le robaría el olfato y me acercaría aún más a su cuerpo para embriagarme con su olor de azahar, de lavanda y tomillo. Me perdería en el olor de su pelo suave como el olor de la brisa marina. Con su gusto lameré todo su cuerpo; disfrutando de cada centímetro de piel, paladeando los sabores dulces y salados que se esconden en cara recoveco de su cuerpo. Le pediré su tacto y en ese momento la abrazaré y acariciaré hasta que se duerma en mis brazos que la rodearán como si fuese una cálida manta mientras reposa su cabeza en la almohada de mi pecho. Una vez que tenga sus cinco sentidos haré que nuestros cuerpos se conviertan en placer.
En ese momento nuestra charla se acaba. Encojo las piernas. Ella está al otro lado de la linea arrebujada en su manta sobre su alfombra nueva. Ya espero con alegría que vuelvan a ser poco más de las diez de la noche.
En ese momento, estando muy juntos, me gustaría ver a través de sus ojos y escrutando los míos encontrar la parte que falta de mi mismo. Ver con ellos el sol, el mar, la hierba, la sonrisa de un niño y entender lo maravilloso que es el mundo. Con su oído escucharía su voz y permanecería muy atento a todas sus palabras que irían entrando en mi cuerpo, llenándolo, acariciándolo y calentando hasta mi alma. Podría entender cada una de ellas para así poder hacer que sus palabras sean deseos hechos realidad. Le robaría el olfato y me acercaría aún más a su cuerpo para embriagarme con su olor de azahar, de lavanda y tomillo. Me perdería en el olor de su pelo suave como el olor de la brisa marina. Con su gusto lameré todo su cuerpo; disfrutando de cada centímetro de piel, paladeando los sabores dulces y salados que se esconden en cara recoveco de su cuerpo. Le pediré su tacto y en ese momento la abrazaré y acariciaré hasta que se duerma en mis brazos que la rodearán como si fuese una cálida manta mientras reposa su cabeza en la almohada de mi pecho. Una vez que tenga sus cinco sentidos haré que nuestros cuerpos se conviertan en placer.
En ese momento nuestra charla se acaba. Encojo las piernas. Ella está al otro lado de la linea arrebujada en su manta sobre su alfombra nueva. Ya espero con alegría que vuelvan a ser poco más de las diez de la noche.
domingo, 16 de marzo de 2014
El viento entre los árboles
Se despertó durante la noche con una sensación de frío intenso y húmedo. Durante unos segundos no quiso abrir los ojos por si el sueño volvía a atraparle pero pasaron los minutos y no consiguió volver a conciliarlo. Al intentar cambiar de posición notó cierta rigidez en los miembros que le impedía moverse. Desesperada abrió los ojos pero sólo consiguió ver una negrura impenetrable salpicada aquí y allá con esos fogonazos de luz que no son más que fantasmas que nuestro propio ojo crea cuando no hay luz a la que agarrarse.
Intentó frenéticamente moverse, pero tras largo rato de luchar se dio cuenta de que no notaba ninguno de sus miembros. Era como si hubiesen desaparecido, o más bien que se hubiesen fusionado con su cuerpo. Asimismo notaba como que su cuerpo estaba recogido, como cuando en algunas noches frías se había hecho un ovillo intentando ocupar el menor espacio posible en la inmensa y solitaria cama. El intenso frío fue desapareciendo a medida que notaba una claridad creciente a su alrededor. Aunque tenía los ojos abiertos no veía nada, sólo notaba la claridad y la temperatura que poco a poco subía. Un silencio atronador la acompañaba. Nada se oía, ni tan siquiera el batir constante de su corazón en los tímpanos que en tantas ocasiones le había acompañado en sus noches de insomnio.
De nuevo intentó moverse, pero sin éxito. Un grito de desesperación salió de su garganta, pero ni un sonido turbó el silencio.Había perdido toda la sensación del tiempo. No sabía si habían transcurrido horas o sólo un segundo y eso le hizo pensar en que debería de estar soñando. Estaba claro que era una terrible pesadilla y que pronto acabaría cuando se despertase, ¿pero soñar que estamos dentro de una pesadilla no la convierte en realidad? Mientras esos pensamientos bullían en su mente notó como la luz que la rodeaba iba disminuyendo y al tiempo que la oscuridad ganaba terreno también lo hacían de nuevo el frío y la humedad.
Los ciclos de luz y oscuridad se repetían pero notó como poco a poco la claridad cada vez ganaba terreno. Tras uno de esos ciclos algo cambió. Notó como su cuerpo se ensanchaba, como por todo él recorría un frío pero agradable líquido que llenaba todas sus células. Dejó de notar que estaba echa un ovillo pero seguía sin notar sus brazos y piernas. Todo seguía oscuro pero en algunos momentos pasaban ante sus ojos retazos de una negrura aún más intensa. De nuevo intentó moverse violentamente sacudiendo todo su cuerpo, gritando hasta que sus pulmones y garganta deberían de haber estallado pero nada ocurrió.
Dejó de luchar y en ese momento apreció algo de lo que no se había dado cuenta. Su cuerpo se movía, pero no era por su voluntad sino como mecido suavemente, a su alrededor notaba más movimiento lo que la asustó terriblemente. ¿Quién la retenía y la mecía en su cama? ¿Quienes eran los que merodeaban por su habitación? No obtuvo respuestas a sus preguntas. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero al mismo tiempo notaba cierta paz y una sensación agradable mientras su cuerpo se mecía como arrullado por una suave brisa. En otros momentos se sentía vapuleada, agitada arriba y abajo, a derecha e izquierda violentamente y notaba como las sombras que la rodeaban tambíen se movían frenéticamente.
Los ciclos de luz y oscuridad se seguían sucediendo. Unas veces la luz parecía tamizada y su calidez era mucho menor; otras veces parecía no haber luz y la sensación de humedad y frío se volvía muy intensa. Con cada ciclo que pasaba se sentía mucho más a gusto, casi había olvidado su pánico ante la inmovilidad y la oscuridad. Apreciaba la húmeda oscuridad tras la larga aridez de la luz que hasta el momento iba ganando terreno a la oscuridad.
En un momento dado la sensación de calidez disminuyó, el tiempo de claridad era mucho más corto y notó como cada vez eran menos las sombras que se movían a su lado. Poco a poco el líquido que la llenaba fue desapareciendo y su cuerpo se fue secando. Empezó a notarse rígida y quebradiza. Ya no se mecía como anteriormente. Ya no notaba la calidez de la luminosidad ni la humedad de la oscuridad. De repente mientras su cuerpo se balanceaba notó como algo se rompía y salió disparada. Ya nada la retenía, tuvo cierta sensación de libertad y de alegría pero a la vez miedo al notar como su cuerpo se balanceaba a la merced del viento sin ningún control.
De repente dejó de moverse. Siguió notando los ciclos de luz y oscuridad pero esta vez la humedad no desaparecía y el frío era más intenso. Poco a poco su cuerpo siguió secándose y desquebrajándose hasta que no quedó nada de ella y dejó de notar el viento entre los árboles.
Intentó frenéticamente moverse, pero tras largo rato de luchar se dio cuenta de que no notaba ninguno de sus miembros. Era como si hubiesen desaparecido, o más bien que se hubiesen fusionado con su cuerpo. Asimismo notaba como que su cuerpo estaba recogido, como cuando en algunas noches frías se había hecho un ovillo intentando ocupar el menor espacio posible en la inmensa y solitaria cama. El intenso frío fue desapareciendo a medida que notaba una claridad creciente a su alrededor. Aunque tenía los ojos abiertos no veía nada, sólo notaba la claridad y la temperatura que poco a poco subía. Un silencio atronador la acompañaba. Nada se oía, ni tan siquiera el batir constante de su corazón en los tímpanos que en tantas ocasiones le había acompañado en sus noches de insomnio.
De nuevo intentó moverse, pero sin éxito. Un grito de desesperación salió de su garganta, pero ni un sonido turbó el silencio.Había perdido toda la sensación del tiempo. No sabía si habían transcurrido horas o sólo un segundo y eso le hizo pensar en que debería de estar soñando. Estaba claro que era una terrible pesadilla y que pronto acabaría cuando se despertase, ¿pero soñar que estamos dentro de una pesadilla no la convierte en realidad? Mientras esos pensamientos bullían en su mente notó como la luz que la rodeaba iba disminuyendo y al tiempo que la oscuridad ganaba terreno también lo hacían de nuevo el frío y la humedad.
Los ciclos de luz y oscuridad se repetían pero notó como poco a poco la claridad cada vez ganaba terreno. Tras uno de esos ciclos algo cambió. Notó como su cuerpo se ensanchaba, como por todo él recorría un frío pero agradable líquido que llenaba todas sus células. Dejó de notar que estaba echa un ovillo pero seguía sin notar sus brazos y piernas. Todo seguía oscuro pero en algunos momentos pasaban ante sus ojos retazos de una negrura aún más intensa. De nuevo intentó moverse violentamente sacudiendo todo su cuerpo, gritando hasta que sus pulmones y garganta deberían de haber estallado pero nada ocurrió.
Dejó de luchar y en ese momento apreció algo de lo que no se había dado cuenta. Su cuerpo se movía, pero no era por su voluntad sino como mecido suavemente, a su alrededor notaba más movimiento lo que la asustó terriblemente. ¿Quién la retenía y la mecía en su cama? ¿Quienes eran los que merodeaban por su habitación? No obtuvo respuestas a sus preguntas. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero al mismo tiempo notaba cierta paz y una sensación agradable mientras su cuerpo se mecía como arrullado por una suave brisa. En otros momentos se sentía vapuleada, agitada arriba y abajo, a derecha e izquierda violentamente y notaba como las sombras que la rodeaban tambíen se movían frenéticamente.
Los ciclos de luz y oscuridad se seguían sucediendo. Unas veces la luz parecía tamizada y su calidez era mucho menor; otras veces parecía no haber luz y la sensación de humedad y frío se volvía muy intensa. Con cada ciclo que pasaba se sentía mucho más a gusto, casi había olvidado su pánico ante la inmovilidad y la oscuridad. Apreciaba la húmeda oscuridad tras la larga aridez de la luz que hasta el momento iba ganando terreno a la oscuridad.
En un momento dado la sensación de calidez disminuyó, el tiempo de claridad era mucho más corto y notó como cada vez eran menos las sombras que se movían a su lado. Poco a poco el líquido que la llenaba fue desapareciendo y su cuerpo se fue secando. Empezó a notarse rígida y quebradiza. Ya no se mecía como anteriormente. Ya no notaba la calidez de la luminosidad ni la humedad de la oscuridad. De repente mientras su cuerpo se balanceaba notó como algo se rompía y salió disparada. Ya nada la retenía, tuvo cierta sensación de libertad y de alegría pero a la vez miedo al notar como su cuerpo se balanceaba a la merced del viento sin ningún control.
De repente dejó de moverse. Siguió notando los ciclos de luz y oscuridad pero esta vez la humedad no desaparecía y el frío era más intenso. Poco a poco su cuerpo siguió secándose y desquebrajándose hasta que no quedó nada de ella y dejó de notar el viento entre los árboles.
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