miércoles, 29 de octubre de 2014

La Silueta

Era una tarde de octubre. El mes estaba siendo anormalmente cálido como parecía que se estaba convirtiendo en una norma los últimos años.

- "Al final va a ser verdad lo del calentamiento global." - Pensó, mientras se quitaba la camiseta al entrar en casa.

Se sirvió un refresco de su desangelada nevera y se dirigió a la habitación donde tenía el ordenador. Lo encendió. Esperó los inacabables segundos que preceden a la carga del sistema y empezó a manejar el ratón mientras daba cortos sorbos al refresco. Se había propuesto por fin ordenar los datos de su navegador GPS. El fin de semana anterior había ido a la montaña en busca de setas y quería guardar los lugares que había visitado. Así pues, buscó algo de música, conectó el navegador y lanzó el programa que gestiona toda la información almacenada en él.

Mientras trabajaba en los distintos traks, waypoints y fotografías el sol de la tarde comenzó a entrar por la ventana. Era un sol radiante, aunque la luz estaba tamizada por las cortinas que ocultaban el interior de la habitación de miradas extrañas. En ese momento estiró sus brazos sobre su cabeza para desentumecer la espalda. Giró la cabeza y sus ojos se posaron el la pared donde el sol dibujaba la forma de la ventana. Movió la cabeza hacia el otro lado para acabar de estirar los músculos del cuello. Pero en ese momento algo en su mente le hizo volver a mirar al dibujo de la ventana en la pared. Por el rabillo del ojo había visto algo extraño, algo que no debería de estar allí.

Sobre la pared, dónde solamente debería de estar el recuadro luminoso de la forma del cristal, se recortaba una figura oscura. Tenía un trazado sinuoso. No había ningún ángulo recto donde lo que debería de haber era la línea recta que trazaría el marco de la ventana. Incrédulo se frotó los ojos con las manos.

- "Llevo demasiadas horas mirando el monitor del ordenador" - Pensó.

Miró hacia la ventana. Allí sólo pudo ver la cortina y la forma de la ventana marcada en ella. Volvió a mirar a la pared y allí seguía aquella silueta. Pensó que quizás la cortina creaba aquel juego de sombras en la pared por lo que se acercó hasta la ventana y la corrió. El sol entró a raudales a través de la ventana pero nada cambió, salvo que ahora la silueta era mucho más nítida, con mucho más contraste. Movió la mano delante de la ventana y la sombra de su brazo y su mano aparecía en la zona iluminada de la pared, desapareciendo donde la extraña figura oscurecía la luz. Era como si algo estuviese entre la ventana y la pared y, como su brazo, proyectase una sombra. Pero allí no había nada.

Intrigado se acercó a la pared. Frotó su mano por su superficie notando las pequeñas imperfecciones que creaba la pintura. Fue acercando sus dedos hacia el borde de la silueta intentando notar su contorno. Lo único que noto fue que en esa zona la pared, por increíble que pudiera parecer, estaba sensiblemente más caliente que el resto donde la luz del sol daba con toda su fuerza.

Hasta ese momento no se había parado a fijarse en la forma de esa silueta. Empezó a prestarle más atención y comenzó a darle sentido a ese conjunto de lineas sinuosas. Al principio no quiso creer lo que parecía aquella forma, pero tras unos minutos de observarla desde distintos ángulos se convenció de que lo que estaba viendo. Una linea suave descendía como la ladera de una montaña para acabar en un montículo respingón al que seguía una caída en una curva perfecta. A partir de ahí la silueta dibujaba una serie de sinuosas y delicadas curvas hasta desaparecer en la oscuridad donde el sol ya no pintaba con su luz la pared. Aquella forma le desconcertó, no podía creer lo que estaba viendo, pero aquello era realmente el perfil de un cuerpo femenino desnudo donde se destacaba claramente un pecho.

Asombrado por lo que veía y sin acabar de creerlo salió de la habitación hacia el lavabo. Se salpicó la cara con agua fría varias veces para despejarse y volvió de nuevo a la habitación. Allí seguía aquella silueta, el agua fría escurriendo por su cara no la había hecho desaparecer. Ahora que su mente había relacionado aquel juego de sombras con un perfil de mujer cada vez descubría más detalles, a cual más voluptuoso que enseguida asoció a su mente alterada. En ese momento una nube ocultó el sol y de repente la silueta se desdibujó hasta desvanecerse al desaparecer la luz del sol. Se lanzó hacia la pared y pasó frenéticamente sus manos por toda su superficie. todavía se notaba aquel calor extrañamente agradable donde había estado dibujada aquella forma.

Pasaron varios días en los que el cielo permaneció encapotado y el sol oculto tras una gruesa capa de nubes. Días de lluvia más acordes con la época del año en que se encontraban. Cada uno de esos días, tras llegar del trabajo, corría a la habitación donde la persiana permanecía subida buscando que ni un rayo de sol se perdiese. Pero lo único que consiguió es que los cristales de la ventana quedasen empapados por la lluvia. Empezó a convencerse de que aquello había sido una alucinación. que su mente le había gastado una jugarreta.

- "Llevo demasiado tiempo si una mujer" - Se dijo divertido y  a la vez un poco triste.

Los días de octubre fueron pasando, grises y oscuros. La idea de ver de nuevo aquella silueta se fue disipando en su mente. Pero de repente, un día, cuando ya octubre daba sus últimos coletazos de vida, un 29 de octubre, el sol volvió a brillar. Retornó volando del trabajo. Casi ni cerró la puerta al entrar en el piso y se dirigió corriendo hacia la habitación donde el sol entraba como una cascada a través de los sucios cristales de la ventana, donde la persiana seguía subida.

Allí estaba de nuevo aquella figura, destacando rabiosamente sobre el lienzo que formaba la luz que provenía de la ventana. Volvió a recorrerla con sus dedos, notando la tibieza que desprendía. Siguió cada una de las curvas una y otra vez con los ojos cerrados, intentando que sus dedos le dijesen de dónde podía provenir aquella forma. Por otro lado en su mente se iba implantando una idea descabellada. Por alguna razón había algo en aquella silueta que le era familiar o, si lo analizaba fríamente, deseaba relacionarla con alguien conocido.

De repente, al acercar de nuevo sus dedos al borde oscuro de la silueta, notó algo distinto. La pared ya no era lisa. Se había formado un abultamiento, casi imperceptible. Si no fuese porque había pasado tantas veces las yemas de sus dedos por la zona y se la conocía a la perfección, hubiese creído que era un defecto de la pared. Pero era otra cosa. Era algo blando que respondía a la presión de sus dedos, hundiéndose y luego volviendo a recuperar la forma. El efecto estaba ocurriendo por toda la extensión marcada por la figura.

La forma se iba hinchando tomando volumen. Fue dejando atrás el color azabache para ir tomando un tono tostado. Tras unos segundos interminables, surgiendo de la pared, había aparecido una mujer. Como si fuese una Venus Anadiómena surgiendo del mar, ella surgía de la oscuridad, creada por la luz del sol. Estaba completamente desnuda, salvo por un collar que llevaba al cuello del cual colgaban una serie de letras que formaban su nombre. Antes de mirar a su cara recorrió cada centímetro de aquel cuerpo con su mirada intentando descubrir el enigma que representaba aquel cuerpo desnudo. Recorrió sus pies, sus piernas, sus caderas intentando memorizar cada pliegue, cada lunar. Pasó rápidamente su vista por su sexo, no queriendo mantener allí su mirada por una estúpida sensación de vergüenza. Siguió a su ombligo y subió rápidamente la mirada hasta los pechos que habían llamado ya su atención desde que aquel cuerpo era solamente una silueta recortada en la pared. Allí sus ojos se quedaron hipnotizados antes los pezones que se erguían desnudos de cualquier sujetador. Su mirada pasaba por todos los puntos, recreándose en las aureolas, en la curvatura de aquellos, para él, maravillosos senos que como dice el poema eran vocación para las manos y destino para los labios.

En ese momento escuchó una voz que le llamaba por su nombre. Era una voz suave, sensual, aterciopelada y rabiosamente conocida. Alzó la vista de aquellos senos hipnóticos y la miró a la cara. Las escasas dudas que le quedaban sobre la identidad de aquella mujer se disiparon al mirar sus ojos, cientos de veces esquivos e igual número de veces perseguidos por los suyos. Esta vez estaban clavados en él, con una mirada que penetraba sus pupilas y llegaba hasta su alma.

- "Ven. Abrázame." - Escuchó en su mente mientras ella le hacía gestos para que se acercase.

Dudó un instante, pero aquellas palabras seguían repitiéndose en su mente y vencieron a la parálisis producida por ver a esa mujer, tantas veces deseada, esplendorosamente desnuda ante él. Se acercó a ella y la abrazó, sintiendo el calor que desprendía aquel cuerpo que atravesaba su ropa y que le reconfortaba y excitaba al mismo tiempo. Hubiese querido quedarse así, en un abrazo eterno, con su cabeza apoyada en su hombro. Pero ella cogió su cabeza y le obligó a mirarla. Acercó sus labios a los de él y de dio un beso. Sus labios ardían y su lengua de fresa jugueteó con la suya dentro de su boca, mientras le desnudaba.

En ese momento, una vez vencida la timidez y vergüenza, él tomo la iniciativa. La sujetó con sus manos por las caderas y la llevó hasta la cama. Ella se dejó elevar por aquellas manos calientes y se agarró a su cuello mientras clavaba sus ojos, ya nunca más esquivos, en los de él. Sus piernas se cerraron sobre su espalda apretando su cuerpos como queriendo fusionarse en uno. La tumbó sobre la cama y volvió a recorrer aquel cuerpo, pero ahora no con la mirada sino a base de caricias y roces con los labios. Acariciando aquí y mordisqueando allá, notando como toda ella temblaba de placer.  Sus cuerpos sudorosos vibraban casi al unísono. Sus pieles ardían, su sangre casi en ebullición era impulsada por sus corazones latiendo acompasadamente uno al ritmo que marcaba el otro. Ella abrió los ojos y le miró con esa mirada abrumadora que le inundó de un sosiego y paz que se tornaron en deseo y amor. Se giró y tumbándole sobre la cama hizo que entrara en ella. empezó a cabalgar suavemente, con movimientos ligeros. Llevo sus manos a sus senos mientras le transportaba a un mundo de placeres por mucho tiempo deseados.

La tarde empezaba a transformarse en noche y la luz del sol empezó a desaparecer dando paso a la oscuridad. Al mismo tiempo aquel cuerpo, aquella mujer deseada hasta casi la locura, se fue disipando. Intentó sujetarla mientras se desvanecía pero fue imposible. Antes de desaparecer del todo su voz volvió a resonar en su cabeza:

- "Hasta el próximo día soleado...." - dijo la sensual voz en su mente.

Allí se quedó en la soledad de su cama. Extenuado de cansancio y de deseo. Anhelando un nuevo 29 de octubre soleado. Aunque realmente deseaba que no volviese a aparecer una nube en el cielo nunca más. Que el sol no se ocultase nunca y que aquella silueta de la pared se quedase convertida en cuerpo para siempre.

























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